
Llega diciembre de la mano de la lluvia y retornan amistades de las germanias, con apfels strudels y sonrisas despertadas.
Arrivan los frios y los pequeños desencuentros, con sus peleas matutinas y sus mundos sin mañanas.
Se convierte la suerte en unos spaghetti a casa nostra al pasar por las estaciones de trenes, donde reposan dignidades los que esta noche no tienen techo.
Visitan las decoraciones navideñas, los jodidos arbolitos, las hogueras enchufadas y las bufandas de franela. Me lleno la garganta de risa y de nieve, y bebo calimocho sin filtro y con provecho.
La ciudad eterna se llena de arboles caducos, valga la ironia del contexto.
Te extraño, pero no me extraña.
No hay frio en manos con guantes imperfectos.
Estoy sin ti pero contigo.
Se acerca el invierno.
... ¿donde quieres que te lleve el final de este cuento?

¡Quién sabe...!
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